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| Ejercicio físico contra las enfermedades neurodegenerativas |
El ejercicio físico moderado es una de las conductas más efectivas para mantener la salud, tanto física por sus efectos en los sistemas osteomuscular, cardiovascular y respiratorio; como mental por sus efectos antiestrés y su inducción a la generación de neuronas.
Numerosos estudios demuestran que la actividad física y el cambio a un estilo de vida más saludable, lo que incluye cambios en la dieta, la cantidad y patrones de ingesta de alimentos y actividad mental intensa programada y dirigida, pueden contribuir a retrasar el declinar mental que ocurre con la edad y retrasar el comienzo de un proceso de demencia. La actividad física puede retrasar el curso de la enfermedad de Alzheimer así como aumentar la capacidad de reparación del cerebro tras daños producidos por accidentes o enfermedades neurodegenerativas tales como el Parkinson, demencias, ataxias cerebelosas y también enfermedades mentales, como la depresión severa. (Science 334, 606-607. 2011).
La práctica del ejercicio físico aeróbico también está resultando muy positivo, tanto a nivel experimental en animales modelos de la enfermedad, como con pacientes que sufren de Alzheimer. Correr o caminar a un paso en donde el consumo de oxígeno sea el suficiente como para no quedar en débito de oxígeno durante la carrera. Esto está resultando ser un instrumento terapéutico efectivo, en muchos casos, con el que algunos pacientes han logrado ralentizar la progresión de los síntomas de la enfermedad (J. Am. Med. Dir. Assoc. 9:390-405 (2008)).
En pacientes con la enfermedad de Alzheimer, aparte de ralentizar la progresión de los síntomas cognitivos, la actividad física puede también prevenir o aminorar muchas de las complicaciones que aparecen en esta enfermedad como caídas o incapacidades motoras de todo tipo. Sin duda que todo ello requiere de un gran esfuerzo de cuidadores y familiares, pero nadie discutiría que a largo plazo, se trata de un tratamiento barato y de bajo riesgo.
Hoy los datos disponibles nos indican que el ejercicio físico en los pacientes de Alzheimer puede ir desde una duración de 150 minutos, 5 veces a la semana hasta 20 minutos, 3 veces a la semana, donde se incluye caminar, correr o realizar un programa de ejercicio físico personalizado. Evidentemente todo ello en función de la persona y sus condiciones médicas, lo que incluye edad, el estadio de la enfermedad y el impedimento mental o físico que exista. Lo mejor es consultar a su médico y a si fisioterapeuta, para organizar un programa de ejercicio a su medida.
Fuente: Francisco Mora, Catedrático de Fisiología Humana, Universidad Complutense de Madrid y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica, Universidad de Iowa. Artículo completo en El Huffintonpost.